Dióxido de azufre (SO2)

Afecta las vías respiratorias altas e irrita los ojos. Puede agravar enfermedades respiratorias y, en concentraciones altas, inducir bronquitis.

Dióxido de nitrógeno (NO2)

Puede prolongar las enfermedades respiratorias, incrementar la presión arterial e irritar las vías respiratorias.

Ozono (O3)

Irrita los ojos y las vías respiratorias, constriñe los alveolos, puede agravar el asma y enfermedades pulmonares crónicas.

Partículas (PM10, PM2.5)

Al inhalarse se agravan las enfermedades respiratorias, cardiovasculares y el asma, lo cual puede desencadenar en muerte prematura. Dependiendo de la composición pueden inducir asbestosis o silicosis (cáncer).

Plomo (Pb)

Afecta al sistema nervioso central, manifestándose como afectaciones en el aprendizaje y alteraciones en la conducta.

Monóxido de carbono (CO)

Disminuye el transporte de oxígeno entre el pulmón y las células del cuerpo; en exposiciones prolongadas puede inducir afectaciones en la coordinación, dolor de cabeza, náuseas y en altas concentraciones puede inducir la muerte.

Tóxicos (por ejemplo, benceno)

A corto plazo producen mareos, y exposiciones prolongadas a concentraciones bajas pueden afectar al sistema inmunológico y generar leucemia.